Revisión a los clásicos

18/07/2012

Marian Uria Urraza

Observatorio de Igualdad de Oportunidades entre Hombres y Mujeres

Instituto Asturiano de la Mujer

El término equidad de género ha sido definido como "justicia e imparcialidad en la distribución de los bienes, poder, recursos y responsabilidades entre mujeres y hombres" 1, e identificado como uno de los objetivos de las políticas de salud. Reconoce que hombres y mujeres tienen diferentes necesidades, poder y acceso a los recursos, y que estas diferencias deberían ser identificadas y orientadas de tal forma que rectifiquen las desigualdades.

Por ello, aunque podría parecer que alcanzar el objetivo de equidad de género en salud, supondría la igualdad en los resultados de salud de hombres y mujeres, esto es imposible, debido, no solo a sus diferencias biológicas, sino también a los distintos roles de género.

Lesley Doyal, actualmente profesora emérita en la Universidad de Bristol, donde ha impartido formación en los últimos años, ha sido una de las pioneras en el análisis de las relaciones entre los estudios de género y los estudios de salud y en las conexiones entre las ciencias biológicas y las sociales 2,3,4 y ha trabajado como consultora para la OMS y para Naciones Unidas 5.

En el artículo que se analiza a continuación, Doyal ofrece un análisis sobre las diferencias en las necesidades de mujeres y hombres y sobre los obstáculos, condicionados por el género, que les impiden alcanzar su potencial en salud y señala alguna de las implicaciones en las políticas públicas.

Doyal, Lesley. Gender equity in health: debates and dilemmas 6. Social Science & Medicine 51 (2000) 931-939.

La autora comienza, señalando el cambio de planteamiento que se estaba produciendo en el discurso académico y en ámbitos políticos, al pasar de hablar de mujeres a hablar de género, es decir, de fijar la atención en las mujeres como grupo con menores privilegios, a poner el énfasis en la construcción social de las identidades de género y en la naturaleza de las relaciones entre mujeres y hombres.

Plantea que, conseguir la igualdad en resultados de salud entre mujeres y hombres es inalcanzable, por ello, el foco no debe ponerse en dichos resultados, sino en las premisas que generan las bases para el desarrollo humano. Así, para identificar aquellas cuestiones centrales para diseñar las estrategias de equidad, es necesario examinar, tanto la dimensión biológica (sexo) como la socialmente construida (género).

En la teoría y práctica biomédicas, el análisis de la masculinidad y la feminidad comienza y, normalmente acaba, con las diferencias en el sistema reproductivo. A pesar de ello, señala Doyal que es un punto de partida para pensar en equidad, pues las mujeres parten de una situación de desventaja y necesitan acceso a los recursos para el control de la fecundidad y para un embarazo y parto saludables.

Los hombres, en casi todas las sociedades, tienen menor esperanza de vida que las mujeres condicionada, en parte, por mayores tasas de mortalidad perinatal, pero la medicina no cuenta con un desarrollo tecnológico que pueda compensar esta mortalidad prematura.

Pasando a la dimensión social, plantea la autora que el análisis de género muestra cómo todas las sociedades están divididas en el eje hombre/mujer con diferentes deberes y responsabilidades: tareas domésticas y de cuidados en el ámbito privado adjudicadas a las mujeres, y trabajo remunerado y derechos y deberes de ciudadanía en el ámbito público, a los hombres.

Por ello, no solo hay diferencias, sino desigualdades inherentes a la definición social de feminidad y masculinidad, estando esta última más valorada. Hombres y mujeres son percibidos en función de ello lo que, lógicamente, tiene efecto a la hora de desarrollar su potencial para una vida saludable.

Socializarse como mujer tiene influencia en la identidad: menor autoestima, priorización de "los otros", etc. Además, el desigual acceso a una amplia gama de recursos (entre ellos el empleo) tiene un impacto significativo: vidas más largas pero menos saludables.

Aunque las desigualdades de género raramente privan a los hombres de los recursos para alcanzar sus necesidades, construir y mantener la identidad hegemónica masculina, socializarse como hombre, a menudo requiere asumir riesgos (accidentes, consumos), rechazar la búsqueda de ayuda y en ocasiones ejercer violencia.

Hasta aquí, explora Doyal cómo, tanto el sexo como el género, necesitan ser tenidos en cuenta para diseñar estrategias para la equidad. Y, aunque se han examinado las similitudes biológicas y sociales que identifican a hombres y mujeres como grupos separados, esto no implica homogeneidad. Las diferencias por edad, socioeconómicas y culturales también deben ser exploradas.

Así pues, las relaciones de género crean obstáculos para la salud, manteniendo desigualdades en la provisión de recursos que tienen un importante efecto en el bienestar y necesitan ser reorientadas, pero la solución es compleja y política y la autora repasa algunas de las alternativas que han ido surgiendo. Entre ellas, la que plantea la vuelta a los roles tradicionales, debido a que los cambios sociales han causado una merma en la salud de los hombres, no parece de recibo. Otra postura  propone  la reconstrucción de una masculinidad orientada en las mujeres, más saludable para ambos, pero no aborda las desigualdades materiales e institucionales, que constituyen los mayores obstáculos para la igualdad.

La tercera alternativa, sustentada por el movimiento por la salud de las mujeres a nivel mundial, plantea que una gran parte de la morbimortalidad prevenible está relacionada con patrones de división de género. Si estos daños quieren ser evitados, serán necesarios cambios significativos en aspectos relacionados con la organización económica y social.

Mientras que los hombres pueden estar expuestos a riesgos debido a la necesidad de afirmar su identidad, también obtienen mayores beneficios del sistema de género, así que si la equidad es el objetivo, estas ventajas deben ser olvidadas y será necesario desarrollar políticas para asegurar el acceso de las mujeres en igualdad a los recursos sociales, económicos y de salud. Pero también serían necesarias medidas para liberar a hombres y mujeres de las constricciones de los roles de género y que promovieran vivir saludablemente. Sin embargo, la implementación de este tipo de estrategias no solventaría todos los problemas y daría lugar a otros, que Doyal plantea en las conclusiones.

El primer dilema es si podemos mejorar la salud de las mujeres sin que los hombres pierdan, y si no se puede conseguir ¿qué implicaciones tiene esto para el debate de la equidad?

El segundo punto se refiere a cómo desarrollar las transformaciones necesarias para el cambio de roles. Muchos aspectos de género están profundamente arraigados  en la psique individual y se refuerzan en la esfera privada.  Así pues, ¿las políticas públicas pueden cambiar los aspectos fundamentales del comportamiento humano?

Finalmente, señala la autora,  habría que tener en cuenta el debate sobre la prioridad de la equidad de género ante el conjunto de injusticias. Los resultados en salud, tanto para individuos como para poblaciones, están influenciados por la raza, la clase o la situación geopolítica, que en algunas circunstancias pueden tener mayor fuerza en determinar el estado de salud. Sin embargo, concluye Doyal, está claro que muchas mujeres y también algunos hombres, continuarán experimentando restricciones evitables en su bienestar, hasta que los condicionamientos de género sean asumidos por quienes tengan como objetivo conseguir la equidad en salud.

Doyal, Lesley. Gender equity in health: debates and dilemmas. Social Science & Medicine 51 (2000) 931-939


Comentario

En nuestro país, la perspectiva de género en la investigación en salud y en las políticas públicas comenzó a incorporarse en los años noventa, impulsada en gran medida por mujeres profesionales del ámbito de la salud 7,8, entre ellas la Red de Médicas y Profesionales de la Salud del Centro de Análisis y Programas  Sanitarios (CAPS). El Instituto de la Mujer y el Instituto Carlos III vienen realizando desde 1996 Encuentros sobre Género y Salud con representantes de Organismos de Igualdad y Consejerías de Salud de las Comunidades Autónomas. En 2002 la Conferencia de la OMS Europa, denominada Declaración de Madrid1 sentó las bases para incorporar la transversalidad de género en la formulación, seguimiento y análisis de las políticas, programas y proyectos, como una de las estrategias más efectivas para conseguir la equidad de género en Salud. En 2004 el Ministerio de Sanidad y Consumo creó el Observatorio de Salud de las Mujeres con el objetivo de generar y difundir conocimiento, para incorporar el análisis de género a las políticas y sistemas de salud 9.

La investigación desde esta perspectiva, ha permitido visibilizar que la asunción de los roles impuestos y el impacto de las relaciones de género están dando lugar a inequidad, siendo las mujeres las que están en situación de desventaja.

Una constatación de los planteamientos que Lesley Doyal desarrolla en su artículo, puede verse en los datos sobre la salud de mujeres y hombres en Asturias. La desagregación por sexo de toda la información, ha sido la primera medida que ha permitido visibilizar  diferencias y desigualdades. En 2002 y 2004 se realizaron dos estudios sobre la salud de las mujeres, uno cuantitativo a modo de diagnóstico 10 y otro cualitativo 11, con las opiniones de las propias mujeres  y con propuestas de intervención.

Las Encuestas de Salud para Asturias (ESA) 2002 y 2008 12 han ido incorporando preguntas que permiten realizar un análisis en el que se visibilizan las desigualdades relacionadas, en una gran medida, con los patrones de género: las mujeres se encargan fundamentalmente de las tareas del hogar y de cuidados, valoran peor su salud, se sienten menos felices, sufren más enfermedades crónicas (muchas de ellas que implican dolor) y más depresión y ansiedad y manifiestan peor calidad de vida, acrecentándose ésta a partir de los 50-55 años y agravándose las diferencias con los hombres.

Además tienen una vida más sedentaria, aunque preocupadas por el peso (es más frecuente tanto el bajo peso como la obesidad), realizan dietas con frecuencia. Por el contrario los hombres sufren mayor accidentabilidad (laboral, de tráfico, en el deporte), tienen mayores consumos de tabaco y alcohol (aunque las jóvenes se acercan a los patrones masculinos) y tienen una alimentación menos equilibrada y utilizan menos las medidas preventivas, aunque duermen algo más que las mujeres.

Las  ESA 2002 y 2008 han permitido también constatar la medicalización de la vida de las mujeres, plasmando la sobreintervención que se hace en pruebas como la mamografía y la citología (en edades por debajo de las recomendadas y con mayor frecuencia que la estipulada). Además las mujeres consumen más fármacos y se les prescriben psicofármacos en una medida mucho mayor que a los hombres, cuestión que se agrava con la edad.

Se aprecia que un mayor porcentaje de mujeres que de hombres está en lista de espera y además un tiempo más largo, y que los hombres cuentan con más tipos de aseguramiento, además de la sanidad pública, probablemente en relación con su mayor presencia en el mercado laboral.

En el análisis de la mortalidad, se aprecian diferencias en las causas de muerte, y son las externas (accidentes, suicidios, sobredosis) las primeras causas en los hombres jóvenes (15-39 años) 13. Además hay en 2009 una sobremortalidad del 8% de los hombres asturianos con respecto a la media española, mientras que las asturianas tienen una mortalidad similar a la  media. La diferente distribución de causas de muerte entre mujeres y hombres, relacionadas con el tabaco y alcohol, permitiría plantear que parte del diferencial de mortalidad hombre-mujer podría ser explicado por el bajo consumo de alcohol y tabaco en cohortes femeninas de mayor edad 14. La asunción de la masculinidad tradicional, tiene un claro reflejo en estos datos.

Así pues, el análisis que realiza Lesley Doyal sobre el cumplimiento de los roles de género, se plasma en los distintos problemas de salud y causas de muerte de mujeres y hombres. Además, el menor acceso que tienen las mujeres asturianas al mercado laboral (condicionado por la asunción del cuidado) y los menores salarios y prestaciones de jubilación, también empeoran su salud y calidad de vida.  El malestar que plantean con frecuencia en consulta, es un reflejo claro de la sobrecarga que muchas mujeres afrontan en su vida cotidiana, y en algunos casos, de situaciones de maltrato.  Así,  a pesar de una mayor esperanza de vida, los años vividos sin buena salud son muy superiores en las mujeres 13.

No se puede olvidar la creciente sobreintervención y medicalización de la vida de las mujeres (embarazo, parto, menopausia), y por otro lado el menor esfuerzo diagnóstico y terapéutico con algunos problemas de salud, como ocurre en las cardiopatías, comprobándose una mayor letalidad en las mujeres tras un infarto10,15.

Por ello, como concluye Doyal, para alcanzar la equidad de género en salud, no solo es necesaria una transformación de los rígidos roles de género, sino que son necesarios cambios en relación a la organización económica y social y también en el ámbito sanitario.

La Guía de Atención a Personas Cuidadoras, el Programa de Atención Biopsicosocial al Malestar de las Mujeres, la Estrategia de Atención al Parto Normal, el acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) y el Protocolo de Prevención y Atención a la Violencia de Género, son algunas de las medidas específicas que se han puesto en marcha en Asturias 16.

Sin embargo, los recortes en la sanidad, la educación y los servicios sociales, así como el desempleo, tendrán especial impacto en la vida y salud de las mujeres, con una presión por la vuelta a los roles tradicionales.

Bibliografía
  1. WHO Europe. Mainstreaming gender equity in Health: The need to move forward. Madrid Statement. Madrid, september 2001.
  2. Doyal, Lesley. What Makes Women Sick. Gender and the Political Economy of Health. Macmillan Press Ltd. London 1995.
  3. Doyal, Lesley. Sex, gender, and health: the need for a new approach. British Medical Journal 2001; 323: 1061-3.
  4. Doyal, Lesley. Understanding sex and gender: the challenges for epidemiologists. Ponencia presentada en la Reunión Científica de la SEE, denominada Género y Salud: la visión epidemiológica. Barcelona, Septiembre de 2002.
  5. Doyal, Lesley. Fourth World Conference on Women. Expert Group Meeting on Women and Health. Tunisia Sept. 1998.
  6. Doyal, Lesley. Gender equity in health: debates and dilemmas. Social Science & Medicine 51 (2000) 931-939.
  7. Valls Llobet, Carme. Mujeres y hombres: salud y diferencias. Ediciones Folio. Barcelona. 1994.
  8. Rohlfs, I; Borrell, C; Anitua, C; Artazcoz, L; Colomer, C; Escribá, V; García-Calvente, M; Llacer, A; Mazarrasa, L; Pasarín, MI; Peiró, R; Valls-Llobet, C. La importancia de la perspectiva de género en las Encuestas de Salud.  Gac. Sanit. 1999; 13:810-7. vol 13 núm 91.
  9. Observatorio de Salud de las Mujeres. Ministerio de Sanidad y Consumo http://www.msc.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/e02.htm.
  10. Mosquera, Carmen (coord).La salud de las mujeres en Asturias. Consejería de Salud y Servicios Sanitarios. Oviedo 2002.
  11. Uria, Marian (coord). La Salud de las Mujeres en Asturias. Reflexiones desde las propias mujeres. Consejería de Salud y Servicios Sanitarios. Oviedo 2004.
  12. Margolles, Mario y Donate, Ignacio (coord.). Encuesta de Salud para Asturias 2002 y 2008. Consejería de Salud y Servicios Sanitarios. http://www.asturias.es/portal/site/astursalud/menuitem.b51f8585435b6bcaee65750268414ea0/?vgnextoid=6ab008834c598210VgnVCM10000097030a0aRCRD.
  13. Redondo, Marisa, et al. Análisis de la mortalidad en Asturias 2008  y 2009. Consejería de salud y Servicios Sanitarios. http://www.asturias.es/portal/site/astursalud/menuitem.2d7ff2df00b62567dbdfb51020688a0c/?vgnextoid=ec1bb7abc2028210VgnVCM10000097030a0aRCRD.
  14. Redondo, Marisa y Quirós, Ramón. Mortalidad en Asturias. ¿Mucha? ¿Poca? ¿Cuánta?. Boletín Informacciones nº 4, Observatorio de Salud de Asturias. www.obsaludasturias.com
  15. Sociedad Española de Cardiología (SEC). Enfermedad cardiovascular en la mujer. Estudio de la situación en España.http://www.msc.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/e02_t01_Enfermedades.htm
  16. Salud de las mujeres. Desigualdades de Género. Astursalud. Consejería de Salud y Servicios Sanitarios. Asturias  http://www.asturias.es/portal/site/astursalud/menuitem.2d7ff2df00b62567dbdfb51020688a0c/?vgnextoid=1c6d2c4d2c754210VgnVCM10000097030a0aRCRD&vgnextchannel =1608f05fb1a16110VgnVCM1000008614e40aRCRD

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