Editorial

3/12/2012

Beatriz Gonzalez Lopez-Valcarcel

Universidad de Las Palmas de GC

¿Cuántas veces hemos oído lo del tren que pasa por delante y si no lo coges pierdes la oportunidad de tu vida? Esa imagen te sitúa en una ventana temporal de oportunidad y te aconseja actuar traspasándola. El problema es cuando no hay trenes que pasen.

Haber nacido en un determinado momento condiciona -para bien o para mal- el éxito en la vida. Un médico que hubiera terminado la licenciatura en los primeros años ochenta tendría trabajo -el universo hospitalario se estaba expandiendo- aunque le fueran negadas las posibilidades de especialización –el programa MIR sacaba plazas a cuentagotas-. Pero si hubiera terminado apenas unos años más tarde, posiblemente pasaría a engrosar las listas del paro. Durante la década prodigiosa, en 2002-2008, de nuevo  las oportunidades de empleo médico surgían por todas partes: otra fuerte expansión del universo hospitalario, a raíz de las transferencias sanitarias de 20021. Pero los jóvenes que no consiguieron colarse por esa ventana temporal porque terminan ahora su licenciatura lo tienen más difícil, pues las primeras víctimas de este temporal (a secas) económico llamado Crisis son los últimos que han llegado al mundo laboral. Se aplica implacablemente la regla LIFO (Last Input, First Output) el último que ha llegado es el primero que sale. No hay plazas para sustitutos ni interinos, la red asistencial se está quedando en los huesos estatutarios. Esta discriminación intergeneracional impone un alto coste al sistema, en términos personales y colectivos.

La recesión traerá efectos intergeneracionales con implicaciones para la equidad y para la eficiencia. Toda crisis económica cambia la correlación de fuerzas, y concentra el poder económico. Las sociedades salen de las crisis con mayor desigualdad social y económica que cuando entraron en ese túnel2. El equilibrio intergeneracional es delicado, y con la recesión se agrava el riesgo de quebrarlo.

Gran parte de la atención a la salud no se puede posponer, a diferencia de la compra de otros bienes y servicios. Si te rompes la cadera, o sufres una apendicitis aguda, o un infarto hoy, necesitas tratamiento hoy. De ahí la tentación de diferir los gastos extrapresupuestarios de la sanidad mediante endeudamiento, o simplemente demorando pagos. Pero ahora, los techos presupuestarios son inflexibles, y las amenazas se han vuelto creíbles. Puede que los Hombres de Negro del Ministerio de Hacienda entren en las Comunidades Autónomas indisciplinadas y las intervengan antes de ser intervenido en quirófano el paciente en lista de espera. Han cambiado las reglase del juego. Y el coste de oportunidad de los recursos públicos es más alto que nunca, pagamos el 7% por lo que tomamos prestado.

¿Cómo conciliar las necesidades de contraer el gasto y de animar el empleo de los jóvenes profesionales? No olvidemos que el gasto de unos es el ingreso de otros3. El esfuerzo de quitar grasa del sistema sanitario, reorganizar, desinvertir en lo innecesario, ha de ser liderado por los profesionales sanitarios y debería liberar recursos para reinvertir en capital humano. El profesionalismo es hoy mas necesario que nunca. Se trata de justificar que cada euro gastado en sanidad es un euro ganado en salud, y los jóvenes profesionales han de demostrar  lo productivos que son.

La prueba del talón a los recién nacidos para detectar fenilcetonuria es moralmente obligatoria desde que se descubrió que los costes de cuidar a una persona que sufra la enfermedad durante décadas superan con creces los del cribado poblacional y tratamiento temprano. Similarmente, la inversión educativa en los primeros años de la vida, y asegurar una correcta nutrición, son sumamente coste-efectivas, cuando se comparan con los tratamientos médicos a los que habitualmente sometemos a adultos y mayores. El equilibrio entre sanidad y otros sectores del bienestar requiere políticas abiertas que evalúen los resultados finales en términos de bienestar social, considerando también el equilibrio intergeneracional. Lo de menos es qué unidad administrativa gasta, lo importante es para qué y para cuándo4.

El delicado equilibrio intergeneracional se ve afectado, y mucho, por las decisiones de asignación de recursos entre sanidad y los otros componentes del gasto social, que corresponden a las otras patas del Estado del Bienestar. Como decíamos, la educación temprana es una gran inversión socialmente rentable, ya que el capital humano generado en el preescolar se recupera con creces a largo plazo. Eso concluyen muchos estudios. Hoy por hoy, las personas mayores consumen una gran parte de los recursos de atención sanitaria. Por tanto, la sanidad, además de cubrir la función de aseguramiento, redistribuye los recursos sociales desde la siguiente generación hacia esta, tanto mas cuanto mayor sea el déficit.

Puesto que los niños de hoy pagarán la factura de las prótesis de cadera que estamos poniendo a sus abuelos, deberíamos intentar que no paguen además la factura de la falta de oportunidades educativas, por dos motivos, eficiencia y equidad. El argumento de la eficiencia es que si los niños de hoy se capitalizaran con una buena educación, las ganancias de su mayor productividad harían mas leve para ellos la carga del pago de la deuda. El argumento de equidad intergeneracional es obvio. La agencia británica NICE se creó para terminar con la inequidad espacial, el llamado efecto código postal. Según donde vivieras, tendrías acceso o no a determinados tratamientos costosos. En España, estamos generando un efecto ventana temporal. Según cuando te haya tocado nacer, tendrás más o menos ventajas y penalidades, provocadas por las circunstancias económicas y por las políticas. Pues bien, un objetivo esencial de las políticas sociales es atemperar estas inequidades.

Bibliografía

1. Gonzalez Lopez-Valcarcel B, Barber Perez P. Planificación y formación de profesionales sanitarios, con foco en la atención primaria. Gaceta Sanitaria. 2012;Informe SESPAS 2012(vol.26 suplemento 1).

2. Dávila Quintana CD, González López-Valcárcel. Crisis económica y salud. Gaceta Sanitaria. 2009;23:261-5.

3. Gonzalez Lopez-Valcarcel B, Meneu R. El gasto que está triste y azul. Gac Sanit. 2012;26(2):176-7. Epub 2012/03/10. El gasto que esta triste y azul. Debe preocupar mas la salud que el gasto sanitario.

4. Lopez Casasnovas G. Repensar el Estado del Bienestar. La sostenibilidad del bienestar intergeneracional. Ekonomi Gerizan num18

http://wwwfcavnes/Castellano/Publicaciones/Ekonomi_Gerizan/18asp. 2010.


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