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23/03/2015

Introducción

Las úlceras por presión (UPP) constituyen un verdadero problema de salud pública que afecta principalmente a las personas mayores con limitaciones de movilidad, aumentando su morbilidad y su tasa de mortalidad en torno a un 400% y disminuyendo su calidad de vida. Por otro lado, el adecuado tratamiento de las UPP conlleva mucho tiempo de enfermería y su coste económico es elevado.

La mayoría de las guías de práctica clínica recomiendan la realización de cambios posturales cada dos horas para prevenir la aparición de UPP. Sin embargo, Bates-Jensen et al demostraron que, en la práctica, los cambios posturales a los residentes se hacen con menor frecuencia de lo recomendado. Li et al encontraron una menor incidencia de UPP que relacionaron con un incremento en el uso de colchones de espuma de alta densidad, que protegen de la presión excesiva, incluso cuando la frecuencia de los cambios posturales es menor que la recomendada.

Determinar la frecuencia apropiada para los cambios posturales es importante para mantener a los residentes de los centros para mayores seguros, mejorar su calidad de vida y optimizar el tiempo del personal de enfermería.

Objetivo

Determinar la frecuencia optima de realización de cambios posturales para prevenir la aparición de UPP en los residentes con riesgo de desarrollarlas, que son tratados con colchones de espuma de alta densidad.

Material y métodos

Se reclutaron residentes pertenecientes a 20 centros de EEUU y 7 de Canadá. Los pacientes, que debían ser mayores de 65 años, tener problemas de movilidad, estar libres de UPP al inicio del estudio y portar colchón de espuma de alta densidad, fueron estratificados en dos niveles de riesgo de aparición de UPP, conforme da la Escala de Braden: alto riesgo (puntuación de 10-12) y riesgo moderado (puntuación de 13-14). Asimismo fueron aleatorizados en grupos correspondientes a los intervalos programados para los cambios posturales en cama: cada 2 horas, cada 3 horas o cada 4 horas.

El personal, que recibió entrenamiento previo, debía realizar y registrar los cambios dentro del intervalo programado (con una diferencia máxima de 30 minutos), inspeccionar la piel de las prominencias óseas, documentar su estado y comunicar los posibles cambios de las condiciones de la piel. Asimismo, también debían comunicar el tiempo que los residentes estaban sentados en sillón. Durante las tres semanas que duró el estudio, se realizaron evaluaciones semanales del riesgo de UPP y del estado de la piel, manteniendo cegamiento de los evaluadores acerca del grupo al que habían sido aleatorizados los residentes.

Las medidas preventivas de las UPP que se llevaban a cabo previamente (cojines, taloneras, elevación de talones, etc), se mantuvieron durante la realización del estudio.

La principal medida de resultado fue la aparición de UPP en cóccix, sacro, grandes trocánteres o talones.

Resultados

Participaron un total de 942 residentes, (617 de riesgo moderado y 325 de alto riesgo según la escala de Braden), que fueron aleatorizados en los grupos según intervalos de cambios posturales a razón de 321 en el grupo de 2 horas, 326 en el de 3horas y 295 en el de 4 horas.

La mayoría de los participantes fueron mujeres (77,6%). La media de edad fue de 85,1 ± 7.66 años.

Se detectaron un 2,02% de UPP (19/942): una de estadio 1 y 18 de estadio 2. De ellas, 16 se desarrollaron en el sacro, 2 en los talones y 1 en el trocánter. No hubo diferencias significativas (p=0.68) entre los grupos de 2, 3 y 4 horas (2 horas, 8/321; 3 horas, 2/326 y 4 horas, 9/295) ni entre la aparición de UPP y los residentes de moderado (13/617) y alto riesgo (8/321) (p = 0.79). En la comparación entre los grupos de 2, 3 y 4 horas con riesgo moderado (p = 0.68) y los de alto riesgo tampoco se detectaron diferencias estadísticamente significativas (p = 0.90).

Conclusiones

Los resultados del estudio apoyan la programación de intervalos de cambios posturales cada 2, 3 o 4 horas cuando los pacientes estén tratados con colchones de espuma de alta densidad. Los cambios cada 3 o cada 4 horas no tienen peores resultados que la práctica habitual (cada 2 horas).

El personal puede ver reducida su carga de trabajo con al disminución de la frecuencia de los cambios posturales, pudiendo dedicar más tiempo a otras tareas tales como aseo, ayuda en la comida, movilización activa y actividades sociales. 

Recomendaciones

  • Siempre que estén tratados con colchones de espuma de alta densidad, se pueden hacer cambios posturales cada 3 o 4 horas a aquellos residentes de moderado y alto riesgo de desarrollar UPP según la escala de Braden.
  • Los clínicos deberían seguir las recomendaciones de las guías de práctica clínica, observar el estado de la piel y modificar el intervalo de cambios posturales si esta sufre cambios.

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