Editorial

18/07/2012

La crisis financiera y las decisiones políticas y económicas que se han asociado, y que se han expresado en los recortes a los presupuestos sanitarios y coberturas poblacionales, recogidas en el Real Decreto Ley 16/2012 de 20 de Abril de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones1 motivan una creciente preocupación sobre el futuro/presente de los servicios sanitarios.

Si bien la contribución de los servicios sanitarios a la salud en los entornos más desfavorecidos es menor que las medidas de salud pública, sociales y educativas, en entornos desarrollados, donde las mejoras en salud se producen en personas de mayor edad y con problemas crónicos las aportaciones de los servicios sanitarios son mayores. En Asturias la mortalidad por causas evitables, que constituyen el 50% de todas las defunciones en menores de 75 años, han disminuido en un 50 % en los últimos 30 años, periodo en el que se alcanzó la cobertura universal y se ampliaron las prestaciones. Otras aportaciones de los servicios sanitarios son su alta valoración social  y los beneficios que el sistema sanitario aporta en cuanto a generador de empleo y de desarrollo tecnológico 2.

El papel de la tecnología sanitaria en el gasto y los modelos de práctica son reconocidos y ampliamente discutidos 3, 4, 5, las propuestas variadas y los términos desinversión o reasignación de recursos son habituales  y discutidos como alternativa a recortes indiscriminados del gasto 5, 6, 7.

Afortunadamente disponemos de suficiente información sobre  eficacia,  efectividad, seguridad y eficiencia de las prestaciones, disponemos de sistemas de información lo suficientemente desarrollados como para conocer los resultados de nuestras intervenciones clínicas y disponemos de recursos informáticos suficientes para acceder desde cualquier centro sanitario al conocimiento más actualizado. En palabras de Bernal y Campillo "ya no hay excusa"7.

Los y las profesionales de la atención sanitaria son quienes asumen la mayoría de las decisiones sobre las actuaciones sanitarias. Por ello, con independencia de que los recortes en los presupuestos sanitarios obedezcan a causas externas, a las que individualmente somos ajenos,  nos corresponde asumir las decisiones de abandonar las prácticas sanitarias que no añaden valor en salud, o cuyo valor es escaso, y utilizar estos recursos para las personas enfermas, mejorando su salud y la de la ciudadanía.

Pero solo acompañando esta práctica profesional de mejoras organizativas y estructurales que optimicen los procesos y los circuitos de las prestaciones, mejoras de la gestión,  y mejoras en la difusión del conocimiento para trasformar éste en acción podrán alcanzarse intervenciones eficaces, coherentes y aceptadas.

Bibliografía

1.- Real Decreto Ley 16/2012 de 20 de Abril de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones

2.- La Sanidad Pública en Asturias. I La sostenibilidad del Sistema. Real Instituto de Estudios Asturianos. Oviedo, 2009

3.- Román Villegas. Evaluación e introducción de nuevas tecnologías en el Sistema Nacional de Salud: recetas de ayer vigentes hoy. Gestión Clínica y Sanitaria, 2011;13(2):39-42

4.- Beatriz González. Difusión de nuevas tecnologías sanitarias y políticas públicas. Barcelona: Masson, 2005

5.- Juan del Llano. Desinvertir en lo que no añade salud sin dañar el sistema. Gestión Clínica y Sanitaria, 2011;13(3):83-85

6.- José Ramón Repullo. Taxonomía práctica de la “desinversión sanitaria” en lo que no añade valor, para hacer sostenible el Sistema Nacional de Salud. Rev Calid Asist. 2012; 27(3):130---138.

7.- Carlos Campillo-Artero, Enrique Bernal-Delgado. Desinversión y eficiencia en sanidad: aún sin brotes verdes. Rev. Calidad Asistencial 2012;27:127-9


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