Editorial

6/03/2011

Elvira Muslera Canclini

Unidad de Análisis y Programas.  Sudirección de Gestión Clínica y Calidad del Servicio de Salud del Principado de Asturias (SESPA)

En tiempo de restricciones presupuestarias, o crisis -término más gráfico y últimamente muy familiar- la preocupación porque los beneficios sociales aportados por cualquier política, estrategia o intervención con financiación pública, sean superiores a sus costes, se torna de vital importancia para políticos y gestores. Y por supuesto, la atención sanitaria no es ajena a esta circunstancia.

También en los tiempos de crisis la ciudadanía desea ver cubiertas sus expectativas respecto a la cantidad y calidad de servicios públicos que recibe, y probablemente la necesidad percibida y la demanda de los mismos sean mayores que en épocas de bonanza.

Por tanto, compatibilizar deseos-ciudadanos con objetivos político-gestores requiere compartir información homogénea (no asimétrica) respecto a los beneficios netos (descontados sus costes) de los programas, proyectos y servicios ofertados; compartir que mayor gasto no siempre se traduce en mayor salud; que existe una brecha enorme entre la eficacia y la efectividad y que las actuaciones sobre la salud desde fuera de los servicios sanitarios pueden ofrecer una contribución neta claramente superior a la de los servicios asistenciales.

De estas premisas, una de las más difíciles -la tercera sería responsabilidad de otros- es la reducción de la brecha entre eficacia y efectividad, que siendo aún algo desconocida en los ambientes profesionales, es trabajo inherente a la planificación, gestión y organización.

El estudio de la eficacia tiene validez universal, requiere de un diseño muy riguroso y su publicación es muy reconocida (Ortún1, 2006). En cambio, el trabajo para alcanzar la efectividad ("eficacia aplicada en un espacio y un tiempo") es necesariamente local, no precisa de un diseño tan riguroso, ni merece tan renombrada publicación e incluso, en ocasiones, provoca enfrentamientos analizar lo que realmente importa a las poblaciones, profesionales y gestores. Por tanto es necesario establecer metodologías claras, que se expliciten de antemano, que ayuden al acercamiento entre lo que resulta eficaz y lo que verdaderamente hacemos cuando esa intervención se pone en práctica.

En este sentido se han desarrollado diferentes herramientas de evaluación que se utilizan desde variadas perspectivas: la calidad, el impacto, el desempeño, el seguimiento (monitoreo); y todas ellas comparten una serie de dimensiones como son la accesibilidad, aceptabilidad, adecuación, capacidad resolutiva, efectividad, eficiencia, equidad, longitudinalidad, orientación al paciente, rapidez, seguridad que es necesario evaluar.

La mayoría de los servicios de salud contemplan estas dimensiones en sus estrategias de desarrollo y el Servicio de Salud del Principado de Asturias (SESPA) no es ajeno a ello, como puede leerse en la visión de su plan estratégico,

Un servicio de salud SESPA que:

  • ...por contribuir a conseguir mejoras notables en la salud de las personas de un modo satisfactorio y sostenible se constituye en referencia dentro del sector.
  • ...se distingue por prestar una atención sanitaria eficiente, accesible, segura, efectiva y centrada en las personas.
  • ...ha sido capaz de desarrollar los procesos y sistemas de gestión adecuados para alcanzar sus fines.
  • ...cuenta con profesionales competentes, satisfechos e implicados como consecuencia del buen clima de trabajo y las amplias oportunidades de desarrollo que les ofrece.
  • ...dispone de suficientes recursos que utiliza responsablemente.

Difícilmente se pueda discrepar con una visión tan loable, a la que también podría suscribirse el sistema nacional en su conjunto, pero su concreción nos conduce a un nuevo escenario -distinto del de los deseos- el de los logros. ¿Cómo conocer el grado de cumplimiento de estas metas y con qué herramientas se puede medir?

Entre las varias posibilidades existentes nos parece interesante poner sobre la mesa, a modo de ejemplo, una evaluación del desempeño del sistema sanitario español. Concretamente nos referimos al informe Spain: Health system review. Health Systems in Transition, 2010.

Este informe proporciona una evaluación del sistema sanitario español y de las iniciativas políticas en curso. Esta evaluación se realiza desde diversas perspectivas calidad y seguridad de pacientes, eficiencia, satisfacción, equidad. Con el propósito de picar a la curiosidad, comentaremos algunos de los resultados, a mi entender, pertinentes.

La reducción de la mortalidad evitable entre 1991 y 2005 ha experimentado una notable disminución, llegando a 31,2% para condiciones susceptibles de prevención primaria, a 42,6% para condiciones susceptibles a la actuación de los servicios sanitarios y a 33,5% en años de vida potencialmente perdidos.

El gasto sanitario per cápita (público y privado) en el conjunto de países de la OCDE es de US$ 2.984, en España alcanza los US$ 2.671 PPP (paridad de poder adquisitivo), resultando un 12% menor que el gasto en el Reino Unido, un 24% menor que en Suecia y un 31% menor que en Dinamarca. Representa el 8,5% del producto interior bruto.

El crecimiento del gasto durante la última década ha sido del 2,7% mientras que el promedio de aumento en los países de la OCDE ha sido del 4,1%. Este menor aumento del gasto debe ser comparado con los buenos resultados obtenidos en los indicadores relacionados con los servicios sanitarios, lo que puede interpretarse como una prueba de la eficiencia global del sistema sanitario.

No obstante, también se reflejan los resultados del "índice funcional", que relaciona la estancia media por GRD con la obtenida por cada hospital considerado que estancias más largas significaría incurrir en costes innecesarios. Para este análisis los hospitales de agudos se separaron en cuatro categorías, dependiendo del número de camas. El 15% de hospitales pertenecientes al grupo de más de 500 camas y menos de 1000, se encontraban por debajo del estándar y el 12% de hospitales entre 200 y 500 camas también.

En cualquier caso, más interés tiene analizar la calidad, seguridad, efectividad, eficiencia, satisfacción en algunos procesos médicos como son las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, los cuidados obstétricos, la salud mental, etc. que, por razones de espacio, invitamos a leer directamente en el informe.

http://www.euro.who.int/en/home/projects/observatory/publications/health-system-profiles-hits/full-list-of-hits/spain-hit-2010

La evaluación de las diferentes dimensiones de la atención sanitaria para cada proceso, por mas pequeño que parezca, nos indicará que mejoras pueden ser aplicables a la organización, gestión, formación, coordinación, etc para, en definitiva, acortar distancias entre lo eficaz - lo efectivo - lo eficiente.

Bibliografía

1Ortún Rubio, V. Desempeño y deseabilidad del sistema sanitario: España. Revista Asturiana de Economía RAE, 35 2006.


Palabras clave: