Informes de Evaluación de Tecnologías Sanitarias >> Tecnologías terapéuticas. No quirúrgicas. Otras

8/10/2014

Conclusiones

La evidencia disponible sugiere que la electroestimulación medular es un tratamiento eficaz en la reducción del dolor neuropático en los Síndromes de Cirugía Fallida de Espalda y del Dolor Regional Complejo y que puede presentar beneficios adicionales en la calidad de vida de los pacientes. Se han descrito efectos adversos asociados al dispositivo implantado que han sido considerados menores en los estudios incluidos aunque se ha necesitado tratamiento quirúrgico para su solución en el 24-38 % de los casos. 

Los resultados de la revisión permiten afirmar que la EEM puede considerarse una intervención eficiente en términos económicos para el tratamiento de pacientes con Cirugía Fallida de Espalda y pacientes con Síndrome de Dolor Regional Complejo, si bien requiere de un gasto inicial importante que se compensa a medio y largo plazo.

Comentarios

El análisis de la evidencia disponible que se realiza en esta revisión no es el adecuado, debido a un error en la cuestión que se plantea. En primer lugar, aunque el título habla de "dolor musculo-esquelético crónico" el estudio se remite exclusivamente a dos síndromes, cuya existencia como entidades mórbidas es discutible, en el primer caso, y muy difícil de definir en el segundo. Además, en las conclusiones se indica que "es un tratamiento eficaz en la reducción del dolor neuropático", cuando, en muchos casos, el dolor que se produce tras el fallo de la cirugía de espalda es nociceptivo, mientras que el origen del dolor en el SDRC de tipo I, es desconocido y se postulan diferentes teorías, desde la teoría inflamatoria, de isquemia-repercusión e incluso autoinmune.

En resumen, podemos decir que esta revisión, pese a su buena metodología básica, falla al no haber definido correctamente el objetivo. Hay que tener en cuenta que el Síndrome de Cirugía Fallida de Espalda no puede mantenerse como entidad nosológica susceptible del análisis de la eficacia de una alternativa terapéutica, debido a que sus causas son múltiples, incluyendo la más frecuente: una mala indicación quirúrgica que parte de un error diagnóstico o bien, si el diagnóstico es correcto, una inadecuada elección del procedimiento quirúrgico aplicado. Por otro lado, el SDRC (en la revisión se habla unas veces de tipo I y otras veces no se especifica el tipo, cuando tipo I y II son procesos conceptualmente diferentes) puede estar localizado en una articulación o ser difuso, puede estar en una fase inflamatoria o en la fase de retracción e incluso puede cursar sin dolor y provocar exclusivamente lesiones fibróticas. La mezcla de todos estos problemas (que he resumido al máximo) en una misma cuestión a resolver es, cuando menos, temeraria.

Al evaluar la eficacia de los métodos terapéuticos, sobre todo si su aplicación va a tener una notable repercusión económica, es imprescindible que la población de estudio sea homogénea y bien definida, los objetivos que perseguimos deben estar claros y haber sido comparados con los obtenidos por alternativas disponibles, placebo e incluso con no hacer nada (las diferencias deben ser clinica y estadísticamente significativas). Si la eficacia no está claramente demostrada, en entidades mórbidas concretas y cuyas características clínicas y fisiopatogénicas sean conocidas, no podemos obtener una recomendación como la que los autores realizan. Volvamos a leer a los maestros (Gordon Guyatt y demás) y no sigamos destruyendo la extraordinaria herramienta que pusieron en nuestras manos.



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