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25/03/2013

Antecedentes

La enfermedad de Fabry es una enfermedad por depósito lisosómico, hereditaria, causada por mutaciones del gen de alfa-galactosidasa A (a-Gal A), que provoca la acumulación progresiva de glucoesfingolípidos no metabolizados, especialmente globotriaosilceramida (GL3), en las paredes de los vasos sanguíneos y la musculatura lisa. Afecta principalmente a hombres, pero se han descrito también casos graves en mujeres.

La esperanza de vida de las personas afectadas es de, aproximadamente, 48 años. Los principales órganos afectados son los riñones, el corazón, el sistema nervioso y la piel. Históricamente, en la mayoría de los casos, la muerte se producía por enfermedad renal terminal. Desde la aparición del tratamiento de sustitución enzimática y la aplicación de procedimientos de diálisis y el trasplante renal, otras causas principales de muerte son de origen cardiológico o cerebral.

La agalsidasa alfa (Replagal®) y la agalsidasa beta (Fabrazyme®) son fármacos huérfanos análogos del a-Galo A aprobados para el tratamiento de sustitución enzimática a largo plazo en pacientes con diagnóstico confirmado de Enfermedad de Fabry. Ambos están disponibles en Europa desde el año 2001.

Objetivos

Analizar la evidencia disponible sobre la eficacia, seguridad y eficiencia de la agalsidasa alfa y agalsidasa beta comparada con cualquier alternativa de tratamiento, incluido el placebo, en pacientes con Enfermedad de Fabry.

Metodología

Revisión sistemática de la evidencia científica disponible hasta septiembre de 2010. La validez interna y el grado de recomendación de los estudios incluidos han sido evaluados por un revisor que ha utilizado los criterios de la Scottish Intercollegiate Guidelines Network (SIGN). Se ha realizado una síntesis cualitativa de la evidencia científica.

Resultados

Se han identificado 6 ensayos clínicos aleatorizados con tratamiento de sustitución enzimática (TSE): 2 comparan agalsidasa alfa con placebo, otros 2 agalsidasa beta con placebo y los 2 últimos comparan ambas moléculas entre sí. Los seguimientos son variables con resultados desde las 24 semanas a los 54 meses. Los pacientes tratados con agalsidasa alfa recibieron dosis de 0,2 mg/kg cada 2 semanas en todos los estudios. La dosis de agalsidasa beta fue de 1 mg/kg cada 2 semanas en todos los estudios excepto en uno donde la dosis fue de 0,2 mg/kg cada 2 semanas.

Los resultados más relevantes de eficacia indican que la agalsidasa alfa disminuye el dolor neuropático de máxima intensidad comparado con placebo y los depósitos cardíacos de GL3 (esta comparación no fue significativa); y que, la agalsidasa beta por su parte, reduce los depósitos renales de GL3 a la vez que pospone el tiempo de aparición del primer acontecimiento renal, cardiaco, cerebrovascular o muerte comparado con placebo (la segunda comparación sólo fue significativa en análisis por protocolo). Por otro lado, se observa como el principal beneficio del TSE es la estabilización de la sintomatología, especialmente a nivel renal. No se observaron diferencias relevantes de eficacia entre la agalsidasa alfa y la agalsidasa beta, pero deben tenerse en cuenta las limitaciones metodológicas de los estudios y la relevancia de las variables analizadas.

Los efectos adversos más frecuentes en relación a estos medicamentos fueron los relacionados con la infusión, observándose buena tolerancia a ambos en pacientes con enfermedad de Fabry.

Los datos de coste-efectividad publicados son limitados con estimaciones por encima de los 175.000 $ por año de vida ajustado por calidad (AVAC) en el caso más favorable.

Conclusiones

Globalmente se observa que no existen grandes diferencias de eficacia entre la agalsidasa alfa y la algasidasa beta y que ambas moléculas estabilizarían la progresión de la enfermedad, especialmente a nivel renal.

Algunos pacientes que reciben agalsidasa alfa y agalsidasa beta presentan acontecimientos adversos relacionados con la infusión, fácilmente controlables.

El coste anual del tratamiento con agalsidasa alfa y agalsidasa beta es elevado y las estimaciones de coste-efectividad son superiores a 175.000 $ por AVAC en el caso más favorable.


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